A BORDO DEL USS CHANCELLORSVILLE.- El crucero de la armada estaba en aguas en disputa frente a las islas Spratly cuando se activó la advertencia de amenaza por el intercomunicador del barco: “Lejos el equipo ‘Snoopie’… Lejos el equipo ‘Snoopie’”.
A medida que los marineros del “equipo Snoopie” entraron en alerta y asumieron posiciones a lo largo de la nave, una fragata de la naval china apareció en el horizonte, echándose encima del crucero Chancellorsville desde la dirección del arrecife Mischief. Más alarmante era que un helicóptero chino que había despegado de la fragata se dirigía directamente al crucero de Estados Unidos (EEUU).
“Este es un acorazado de la Armada de EEUU en guardia”, dijo el alférez Anthony Giancana en su radio desde el puente del barco, intentando contactar al helicóptero. “Sintonice la Frecuencia 121.5 o 243”.
Ominosamente, no hubo respuesta.
Aquí, en las cálidas aguas azules frente a las islas Spratly y Paracelso -que abarcan arrecifes, bancos y cayos-, Estados Unidos y China están compitiendo por el predominio en el Pacífico. Desde el arrecife Mischief, donde China está construyendo una base militar en desafío a reclamos de Vietnam y las Filipinas, hasta el banco de Scarborough, donde los chinos están construyendo y pertrechando puestos de avanzada sobre territorio en disputa, lejos del territorio continental, las dos fuerzas navales están casi en estado continuo de alerta.
Si bien el Mar de China Meridional se extiende alrededor de 800 kilómetros desde la China continental, Beijing ha reclamado la mayoría. Las tensiones han aumentado marcadamente, y se especula que el tema dominó la última reunión del presidente Barack Obama en Washington con su par chino, Xi Jinping.
A bordo del Chancellorsville la semana pasada, los minutos -y la tensión- se extendieron conforme el piloto del helicóptero chino se negaba a responder. El helicóptero siguió circulando y más adelante terminó por volar de regreso a la fragata china, que después continuó hacia el acorazado norteamericano. Al mando, el Capitán Curt A. Renshaw, quien había dejado de ducharse esa mañana para salir corriendo al puente cuando el helicóptero chino se aproximaba, conferenció con sus oficiales.
El día antes, Renshaw había advertido al barco entero por el intercomunicador que el Chancellorsville estaría pasando por las Spratlys, y les dijo a miembros de la tripulación que estuvieran atentos y alerta a complicaciones. Había previsto que los chinos se presentaran; en los últimos meses han empezado a seguir cual sombras a acorazados de EEUU que han osado entrar al Mar de la China Meridional.
“¿Habían sido seguidos de esta forma antes?” preguntó Renshaw a la alférez Kristine Mun, oficial de navegaciones. Se volvió hacia el alférez Niles Li, uno de varios oficiales que hablan chino, y se preguntó en voz alta por qué el helicóptero chino se habría negado a responder el mensaje radial.
Finalmente, cuando la fragata china estaba a 10 kilómetros de distancia y era visible claramente para el ojo en el horizonte, la radio de barco a barco restalló con los sonidos de inglés con acento. “Acorazado 62 de la Armada de EEUU… Este es el Acorazado 575 de China”.
Y así empezó una elaborada danza diplomática.
“Este es el Acorazado 62 de EEUU. Buenos días, señor. Es un agradable día en el mar, cambio”.
No hubo respuesta.
“Este es el Acorazado 62 de EEUU. Buenos días, señor. Es un día agradable para estar en el mar, cambio”.
Aún sin respuesta.
Renshaw miró a Li. “Tu turno”, dijo. “No pueden pretender que no hablan chino”.
“Acorazado chino 575, este es el Acorazado 62 de EEUU”, dijo Li en chino. “Hoy es un día soleado para un viaje por mar, cambio”.
Pasaron más minutos. El alférez Anthony Giancana, el oficial subalterno en cubierta durante la mañana, se estaba poniendo inquieto. “Esto es como el Primer Día”, dijo a nadie en particular. “Hemos hecho entrenamiento de primavera”.
Repentinamente, la radio sonó de nuevo conforme la fragata respondía en chino: “Acorazado 62 de EEUU, este es el Acorazado 575. El clima de hoy es magnífico. Es un placer encontrarlos en el mar”.
Li respondió, también en chino: “Este es el Acorazado 62 de EEUU El clima efectivamente es magnífico. También es un placer conocerlos, cambio”.
Una vez que se prescindió de los preliminares, el barco chino se puso a trabajar, cambiando al inglés. ¿Hace cuánto ha pasado desde que partieron de su puerto de casa? Cambio”.
Renshaw meneó la cabeza de inmediato. “No, no vamos a responder eso. Yo nunca le preguntaría eso”.
Giancana tomó la radio de nuevo. “Acorazado 575 de China, este es el Acorazado 62 de la Armada estadounidense. No hablamos sobre nuestras programaciones. Sin embargo, estamos disfrutando nuestro periodo en el mar, cambio”.
Y así siguió mientras los dos acorazados, cada uno cargado con misiles, torpedos y artillería pesada se enfrentaban mutuamente con un intercambio de comentarios corteses sobre el clima en el mar. Para probar si los chinos los estaban siguiendo abiertamente, el “Chancellorsville” dio un giro y sus oficiales se pararon y esperaron.
Llegó un grito de otro de los oficiales subalternos de Renshaw: “¡Acaba de girar, señor!” El Chancellorsville ahora tenía cola. Pero, ¿por cuánto tiempo? Al parecer, el barco chino también quería una respuesta a eso.
“Acorazado 62 de la Armada de EEUU, este es el Acorazado 575 de la Armada de China”, llegó un nuevo mensaje. “¿Siguen teniendo viajes largos por el mar? Cambio”.
Otro no definitivo. Decirles a los chinos la duración prevista del viaje pudiera ser un reconocimiento inherente de que ellos tenían el derecho a saberlo, dijo Renshaw. Y eso no se considera libertad de navegación.
“Este es el Acorazado 62 de la Armada estadounidense”, respondió Renshaw. “Roger, todos nuestros viajes son cortos porque gozamos de nuestro tiempo en el mar sin consideración a cuánto tiempo estemos lejos de casa. Cambio”.
Y ocurrió que el barco chino ya tenía una respuesta para eso. “Acorazado 62 de la Armada de EEUU, este es el Acorazado 575 de la Armada china”, llegó la respuesta. “Copien que me estaré manteniendo al lado de ustedes durante los próximos días. Cambio”.
Eso fue el martes. Este miércoles, la fragata china fue reemplazada por un destructor, el cual siguió al acorazado de la armada estadounidense hasta la medianoche del jueves, cuando la nave de Estados Unidos salió del Mar de la China Meridional.